martes, 4 de octubre de 2016

RESILIENCIA.

Colombia necesita un mártir. Un extremista que se acerque a él, lo abrace y lo haga volar en mil pedazos. -Pensé.

El Domingo 20 de Junio del año 2010 -después de haber sufrido la que fuera mi primera “gran” derrota política- tomé la decisión de renunciar a mi Ciudadanía Colombiana, estaba devastado moralmente, veía esfumar frente a mí, la posibilidad de tener a un presidente honesto, preparado -pero sobretodo- a un ciudadano convencido que la vida es sagrada y que con educación todo se puede. 

Desde Toronto, Canadá promoví y lideré la campaña del Partido Verde y por ende la candidatura de Antanas Mockus: matemático y filósofo a quien alrededor del mundo se le reconoce como una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo, pero como nadie es profeta en su tierra -nosotros, los Colombianos- nos negamos la posibilidad de crear con él las bases sobre las cuales se podía construir un país menos peor.

Aquella tarde de domingo recuerdo el júbilo del Partido de La U; aseguraba con su victoria la continuidad de La Seguridad Democrática y, establecía claramente, quién controlaba el poder político en Colombia; una vez más miles de Colombianos nos quedábamos con el sin sabor de la derrota -pero peor aún- nos embargaba el desconcierto, la desazón y la ira, muchos no entendíamos porqué seguíamos negándonos la oportunidad de tener una patria menos boba.

Mi padre, algunas veces liberal, otras no muy conservador, me contó historias acerca de Luis Carlos Galán Sarmiento, hablaba de él con tanta admiración que parecía lo conocía muy bien, su rostro se iluminaba cuando me decía frases como: “Qué carisma tenía ese tipo Papi”, “Ese tipo sí hubiera podido cambiar a Colombia de verdad”, nuestras charlas sobre aquel prócer desafortunadamente siempre concluían con una frase así: “Ojalá hubieras visto tú cómo lloraba la gente cuando mataron a Galán” y remataba diciendo: “Esa vaina a mí sí me dolió Papi”.

Nunca entendí porqué en mi país lloraban por la muerte de un político, era entendible ver a la familia del difundo acongojada pero hasta ahí; los adjetivos que siempre escuché para referirse a ellos -los dirigentes- iban desde trampero, trolero, pasando por corrupto hasta ladrón, resultaba entonces casi que un chiste pensar en sentir desconsuelo por alguien de tan infame calaña.

Fue sólo hasta el 13 de Agosto de 1999 cuando entendí las palabras de mi padre; padecí lo que miles de compatriotas padecieron el día que asesinaron a Galán, a mis 19 años comprendí las historias que -con fervor y siempre con un final taciturno- me contó mi progenitor; aquel viernes 13 marcó mi vida, lo recordaré no sólo porque fue la primera vez que renegué por ser Colombiano, si no porque además mataron junto a Jaime Garzón, mis esperanzas de ver los frutos de un proceso de Paz con la guerrilla de las FARC-EP.

Curiosamente el asesinato de Garzón fortaleció mi pasión y por ende la búsqueda del bien común, la justicia social y quise como él, convertirme más que en un activista, en abogado para ser la voz de los más vulnerables, de los de ruana, de los de a pie; nunca terminé mis estudios de Derecho, pero siempre he llevado bien en alto las banderas que Jaime promovió, sobretodo, la de construir paz desde la educación, empoderando al individuo para que sea él, el artífice del cambio que desea para su sociedad, para que desde su metro cuadrado edifique la inclusión, la responsabilidad civil y ejerza -con perseverancia- sus Deberes y Derechos como ciudadano.

El pasado 2 de Octubre de 2016 fue el “Baby Shower” de quien será mi primogénita, estaba feliz pero a su vez muy ansioso, el domingo sería una fecha especial e importante, no sólo para mí si no para 48 millones de Colombianos dentro y fuera del país, traté de irme a dormir pero fue imposible, desperté cerca de las 4 de la madrugada y empecé a escribir, a eso de las 6 de la mañana había publicado un texto en honor a la Paz -jamás imaginé que horas después estaría deseándole la muerte a alguien- para mí era casi utópico pensar que los Colombianos cerrarían la puerta y dijeran al unísono -como leí en varias redes sociales- “Este Lote ni se vende, ni se entrega”; debo admitir que busqué el significado de la palabra “lote” en el diccionario, tratando de encontrar una explicación a la que a mi parecer era una burda comparación, creía que los partidarios del NO, una vez más estaban utilizando arengas relativas al Ubérrimo o al líder del hoy llamado Centro Democrático, pero estaba equivocado, según mi búsqueda, un lote es “Cada una de las parcelas en que se divide un terreno destinado a la edificación”, es decir, mi apreciación no estaba tan descabellada como pensaba.

El presupuesto anual de Colombia es casi 210 billones de pesos, del cual 30 billones son destinados a “defensa y conflicto armado”, es decir, casi el 18%, por otra parte dice sobre el papel que para la “educación” se destinan otros 30 billones de pesos, cifras que no se ven reflejadas en la calidad de las instituciones educativas alrededor del país, en ese orden de ideas, el “lote” del cual hablan algunos promotores del NO, no se está edificando; en el “lote” no hay un servicio de salud digno para gran parte de los Colombianos, al “lote” le sigue haciendo falta viviendas dignas para las comunidades más vulnerables, en el “lote” seguimos reeligiendo a los mismos corruptos que se roban el erario público, en el “lote” nos indignamos por una tragedia un par de días y luego en el siguiente puente festivo se nos olvida, a algunos habitantes del “lote” no parece importarles que en otras “parcelas” continúen sus vecinos viviendo bajo la zozobra y la incertidumbre; la verdad para mí Colombia siempre ha sido más que un paupérrimo lote; pero el domingo ante la negativa de no poder darle a mi hija el regalo del “SI” y, en la efervescencia del fracaso, desde lo más recóndito de mis entrañas anhelé que de una vez y para siempre, pasara algo que lo borrara de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve, para no verlo tanto, para no verlo siempre, en todos los segundos; en todas las visiones.

Me dolió tanto aquella noticia que, al llegar a casa lloré de rabia, de frustración, llamé a mi esposa y le dije: “No quiero que mi hija herede un país así, mi hija no se merece esto, no quiero que sea ciudadana Colombiana”, era tanta mi ira que preferí no comentar nada esa noche; he pensando una y otra vez y he llegado a la conclusión que muy a pesar de las diferencias políticas y los pensamientos radicales, el Colombiano ha sido, es y será un ser resiliente por naturaleza, y yo, que pude reponerme al triste final de las historias de Galán, al asesinato de Garzón, a la derrota de Mockus y, al triunfo de un ideal opuesto al mío, estoy seguro que seguiré luchando desde mi trinchera para educar a mis estudiantes, para construir país desde cualquiera que sea la plataforma que esté a mi alcance, no claudicaré hasta ver a mi país como merece estar, porque soy un fiel convencido que a quien no sabe, se le enseña, que la paciencia vence, lo que la dicha no alcanza; aunque a orillas del Caribe -hambriento- un Pueblo aún continúe su lucha.

P.D. Nunca renuncié a mi Ciudadanía Colombiana y mi hija tendrá la doble nacionalidad. 

Derechos Reservados ® Nicolás Marrugo Silva

martes, 27 de septiembre de 2016

El Guerrillero.

Siempre soñé con dejar atrás la cruz que la sociedad Colombiana había puesto a mis espaldas, anhelé día a día poder salir de una vez y para siempre de mi país; país que creía era la causa de todos mi problemas, el reflejo de mi cotidianidad, el motivo por el cual yo era -como él- un mal llamado tercermundista.
Trabajé y oré incansablemente para que se diera el milagro, para que lo imposible sucediera, para que mi vida al fin empezara a tener sentido, porque estando allí, en Colombia, todo era tan simple que nada parecía valer la pena, ningún sacrificio daba frutos, y si los daba, eran los mismo frutos que recogían mis compatriotas, quienes al parecer estaban resignados a quedarse allí, impávidos, inermes; permitiéndole a la monotonía que hiciera con sus vidas lo que se le antojara.

Cuando el esperado día llegó, pensé estar preparado para afrontar con ahínco mis sueños, empaqué más que una maleta, una vida, creyendo que allí, en mi magullado país, quedaría aquel lastre que cargué conmigo por tantos años de inconformismo y frustraciones.

Al llegar a tierras extranjeras todo era perfección a su máxima expresión, los rostros, los olores, los sabores, el tiempo y el espacio me hicieron creer que había llegado al paraíso, al oasis donde siempre quise estar, al jardín del Edén desde donde ahora podia impartir juicios de valor sin importar contra qué o quién, y fue precisamente ese mi gran error: creerme libre de pecado.

A mi alrededor todo era paz y aún así yo cargaba la zozobra de mirar hacia atrás al sentirme perseguido, cubría mi cuello para ocultar una ornamenta de oro que en ese tiempo era para mí una usanza infaltable en cualquiera de mis atuendos, por las noches evitaba caminar solo por calles oscuras, analizaba los rostros y ajuares de todo ser viviente que se atravesara en mi camino, me limitaba a bajar la cabeza en el Metro para no hacer contacto visual con ningún extraño, no podía asimilar los hábitos de los demás, criticaba las apariencias de todas y cada una de las personas que eran diferentes a mí, hasta que un día cualquiera me vi enfrentado a mis prejuicios y paradigmas: 

Yo veía a los transeúntes cruzar la calle por la zebra, no escuchaba a los conductores sonar las bocinas de sus vehículos a tutiplén, me sentía extraño al ver a todo el mundo sumergido en la lectura mientras viajábamos en el subterráneo y no tarareando un buen vallenato como lo hacia yo, cuando iba a mercar me creía astuto al colarme en la fila para pagar, siempre pensando: “esta gente si es muy pendeja”, en algunas ocasiones fui a tiendas de video juegos y como no había cámaras alrededor, terminaba robándome un juego sólo por no pagar miserables diez dólares.

El día que conseguí uno de mis tantos trabajos de supervivencia fuera de Colombia, donde no tenía estatus de Oficial de La Armada Nacional de Colombia o Profesor de la mejor institución de enseñanza de Inglés del país, empecé a darme cuenta que estaba en un lugar completamente distinto al que había querido, allí las personas de barbas tupidas y turbantes tenían descansos para orar hasta tres veces al día, pues según su religión era un deber, yo miraba aquello como injusto, puesto que todo aquel que fumara podía también salir cuantas veces quisiera a fumarse un cigarrillo, mientras yo -según ellos Mexicano- debía pensar si ir o no al baño.

Extrañé entonces los “privilegios” que tenía cuando era cabeza de ratón y no cola de elefante, reflexionaba sobre los días que tenía todo en el confort de mi casa, al alcance de mi mano y entonces todo aquello que creía eran sacrificios se convirtieron en un santiamén en privilegios, a los cuales jamás pude valorar mientras mi afán de huir del país acaparaba todas mis energías.

Debo admitir que la transición a la vida civil de mi nuevo entorno no fue nada fácil, cada día traía consigo un nuevo reto, un nuevo aprender, un nuevo interrogante, pero siempre, siempre, cada día dejaba una enseñanza, y fueron precisamente dichas enseñanzas las que me permitieron reinsertarme a la vida civil, paso a paso fui entendiendo que respetando las diferencias yo podía convivir con mi entorno y al mismo tiempo ser aceptado por él, empecé a comprar el boleto del tren en caso que se subiera el oficial de transporte -el cual casi nunca lo hacia- pero ya no viajaba con la zozobra de que si me lo pedían me iban a multar y mucho menos vivía con la satisfacción temporal que da creerse el más “vivo” de todos.

Cuando entregué las armas de mis prejuicios comencé a ver la belleza en las diferentes culturas que me rodeaban, ya no me parecían locos, marihuaneros, putas, terrorristas, rateros o homosexuales, cuando bajé la guardia -porque nadie me estaba atacando- comprendí que era precisamente aquella variedad la que hacía a aquel lugar lo que era, un verdadero paraíso -donde seguramente también existen serpientes embaucadoras- forjado bajo la identidad de miles, con respeto y lo más importante, sin prejuicios.

Todo cambió cuando yo decidí cambiar, las filas en los bancos, los buenos días al llegar a algún lugar, cuando cedía mi asiento a una persona que lo necesitara, cuando iba cruzando la carretera y esperaba en la orilla por la luz para proceder, cuando iba conduciendo y le cedía el paso al vehículo que necesitaba incorporarse a la vía, todo, todo en lo absoluto fue mejor, no sólo porque ya no miraba para todos lados cuando caminaba, sino también porque podía utilizar mi celular en el bus sin temor a que el “negro” sentando al frente mío me lo robara, todo empezó a ser menos caótico cuando yo me atreví a ser menos macho, menos racista, menos elitista, menos clasista, sólo era cuestión de empezar por mí, mi problema era yo.

Los días siguientes al acuerdo de paz conmigo mismo fueron turbulentos, pero con el pasar del tiempo dio frutos, ser bienvenido en cualquier parte donde iba fue una de ellas, no porque antes no lo era, sino porque ya no me sentía incomodo, me autodiscriminaba, me dejaba llevar por aquello que en mi país llamamos “Malicia Indígena”, desconociendo a su vez que nuestros hermanos mayores, las tribus indigenas son almas nobles, bondadosas y puras.

Reconozco que después que firmé la paz con el Yo que traje desde mi país -el que cargué durante tantos años y el cual me hacía pensar que el cambio debía venir de afuera- mi entorno dejó de ser conflictivo e irracional y se tornó en un verdadero territorio de PAZ, fue entonces cuando por fin pude darme cuenta que el Guerrillero era Yo, el que siempre se rehusó al cambio, el que testarudamente se creía poseedor de la verdad absoluta y desde aquí, hoy, en aras de la tan anhelada PAZ para mi país -Colombia- estoy firmemente convencido que allá, los guerrilleros somos todos. 

Derechos Reservados ® Nicolás Marrugo Silva

martes, 8 de diciembre de 2015

No era la Piragua de Guillermo Cubillos.


¿Por qué no reclamarán los euracas usurpadores al doctor Álvaro Uribe Vélez como propio también? -a ver si se lo llevan de una buena vez y para siempre de Colombia- Estoy seguro que es mejor botín de guerra que el mismísimo galeón San José, pues le recuerdo que Alvarito le ha generado más ganancias a España que el tesoro que yace en las profundidades del Mar Caribe; la venta de Telecom y el Banco Granahorrar entre los años 2005 y 2006 a Telefónica Internacional SA y al Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) respectivamente, son una prueba fehaciente de la rentabilidad que obtuvo el capital español en nuestro país durante el gobierno del expresidente Uribe.

En esta víspera navideña tal parece entonces que, el San José del establo de Belén no es el único que está de moda. Con el “reciente” hallazgo de una de las embarcaciones de los inquisidores españoles, ha salido también a flote el deseo manifiesto del Gobierno de España por reclamar lo que según ellos les pertenece, es decir, que de ahora en adelante, usted y yo debemos tener claro qué, si somos víctimas de hurto, el pillo, está en todo su derecho de solicitar formalmente la entrega de lo que no pudo llevarse durante la comisión de su delito.

Pareciera que aún estuviéramos para jueguitos de indios y conquistadores, donde Pedro entra por su casa haciendo y deshaciendo a su gusto, y el criollo muy tieso y muy majo abre sus ancas para rendirle pleitesías a  los menesteres cleptómanos del patrón.

Hubiera preferido para el otrora mítico y legendario galeón un final más macondiano -como lo soñó Gabo, como lo anheló Florentino Ariza- un final donde los tesoros del naufragio pasaran uno a uno a manos de Fermina Daza, la quimera inmarcesible del erótico escribano.

Y es que lo rumores van más allá del Realismo Mágico de García Márquez, pues en nuestro país, la realidad supera a la ficción, jamás hubiese imaginado un lugar más adecuado para erigir el museo que llevará el nombre de la recién avistada embarcación que no fuese Cartagena, aunque al parecer existe la intención de trasladar las reliquias a la ciudad capital, claro está, imagino que allá llevará por nombre algo así como Museo San José de los Santos, en honor al granuja que se hace llamar presidente de lo que fuera en aquel entonces La Nueva Granada.

En medio de semejante algarabía por el descubrimiento del galeón San José, sólo espero que no vaya a parar a la Zona Franca de Jerónimo y Tomás, donde tendría, claro está, un trato excelso en cuestión de aranceles portuarios, teniendo en cuenta que la mal conocida Madre Patria, tiene una gratitud inmensa con la familia de El Gran Colombiano, o en el peor de los casos tocará solicitarle a la corona británica protección contra los usureros españoles nuevamente, reconociendo que fueron precisamente ellos, los piratas ingleses, quienes nos permitieron el honor de quedarnos con el oro y la plata proveniente del Perú en aguas colombianas.

A no ser que a la señorita Laura se le dé por organizar una pollada con los recursos que le han de pertenecer a su país y, a través de su presidente Humala se los soliciten al oligarca y pacifista de Juan Manuel Santos, reconocido a nivel mundial por su capacidad de ceder, no solo millas náuticas a otros países, sino también por costear vacaciones con todo pago a militantes de grupos terroristas.

Menos mal el San José no era la piragua de Guillermo Cubillos, que bogaba hacia las playas del amor mientras era seguida por un ejército de estrellas y, cuyo único rugir fue la melodía de una cumbia, cumbia que a pesar de los embates usureros de los españoles, hoy por hoy perdura como un patrimonio intangible precolombino empotrado en la cultura histórica del vasto Caribe Colombiano.

Derechos Reservados © Nicolás Marrugo Silva.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Apartheid 2.0


Allí estaba la oportunidad de conocer la otra verdad -aquella que no muestran los medios- frente a mí se abría la otra ventana desde donde miran los Blancos, los que fueron opresores y hoy son oprimidos.

¿Qué opinas de Mandela y su legado para Sudáfrica y el mundo? –Pregunté.

-Mandela era un Soñador. –Respondió fría y tajantemente.

En esa breve pero sustancial respuesta pude percibir un gran resentimiento, se desbordaban tácitamente los adjetivos en contra de quienes hoy gobiernan su país y, la forma infame en la que son discriminados por el simple hecho de ser Blancos.

-Mi hijo no podrá ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad Pública de Johannesburgo. –Afirmó resignada.

La mujer a quien llamaré Charlene para proteger su identidad, mostraba una gran preocupación al pensar en el futuro de sus dos hijos. Ellos tendrían que esforzarse demasiado para poder lograr ingresar a la Universidad Pública de Johannesburgo, de lo contrario no podrían estudiar, pues el costo de la matrícula para un ciudadano sudafricano Blanco en una universidad privada es muy pero muy costoso.

¿Cómo así, los precios varían de acuerdo al color de la piel? –Cuestioné incrédulo.

-Sí, si eres Blanco en Sudáfrica pagarás más impuestos, tu alquiler será más caro, los servicios de salud de calidad para poder accederlos te costarán muchísimo más, eso por mencionar algunos ejemplos. –Dijo Charlene mientras reflexionaba sobre sus mismas palabras, como tratando de encontrar una razón lógica a semejante desfachatez.

¡Sudáfrica no es lo que el mundo cree! –Enfatizó Charlene visiblemente frustrada.

Nosotros ya no tenemos cabida en ese país (la conversación no sucedió en Sudáfrica), mi esposo y yo estamos contemplando la posibilidad de emigrar a Canadá, en Sudáfrica cada vez las cosas empeoran, quienes tienen el poder legislan a favor de quienes son mayoría, en este caso los Negros, los Blancos somos un estorbo para ellos y, están compensando todos los sufrimientos a los que su gente fue expuesta en el pasado.

-¿Luego entonces qué sucedió con la tan anhelada paz entre Negros y Blancos? –Dudé.

Todo fue una mentira, hay mucha violencia en muchas ciudades, hay horas en las que no se puede transitar, es muy peligroso tomar un autobús, no solo porque el servicio es paupérrimo, sino también porque como mujer blanca soy un objetivo fácil para los violentos que en su gran mayoría andan armados a cualquier hora en las calles, tomando la justicia por sus propias manos. –Confesó Charlene mientras fumaba el tercer cigarrillo en menos de 15 minutos.

Mis hijos necesitan tener un promedio académico superior al 95% en todas las materias durante su bachillerato para poder ganar un cupo en la Universidad Pública de Johannesburgo. –Repitió la alta ejecutiva de uno de los grupos financieros más poderosos de Sudáfrica.

-“Ellos” sólo necesitan un promedio del 33% y tienen su cupo asegurado: ¡Mediocres! –Asintió.

Así están destruyendo nuestra nación, ni siquiera nos permiten jugar Rugby, hay una ley que establece que la Selección Nacional que nos representa mundialmente debe estar conformada en un 80%  por Negros -ellos no nacieron para jugar ese deporte- no son buenos, hoy día mi equipo pierde la gran mayoría de los partidos que disputa:

¡El Rugby es nuestro orgullo sudafricano, no es justo! –Remató Charlene.

Al escuchar su sincera confesión llegué a pensar que había abierto la ventana equivocada, creí que estaba sentado frente al enemigo contra el que tanto he luchado: la discriminación hecha mujer y que -revestida de unos ojos azul-verdosos- como cualquier otra extranjera, deslumbran al mestizo.

Me negaba a creer que la verdad de Charlene era la verdad de Sudáfrica, pero antes de regresar a la sala de juntas me miró y dijo:

-Mi jefe es un inepto, no sabe utilizar propiamente un ordenador, me toca hacer todo por él y, sabes qué Nicolás, lo peor es que ni aunque yo lo merezca, podría obtener un accenso y ser lo que él es hoy.

-¿Por qué? –Ingenuamente consulté.

En Sudáfrica por ley sólo los Negros pueden tener los cargos superiores, no hay manera para mí de seguir escalando en mi empresa, he llegado a lo más alto que se me permite, me siento discriminada y oprimida, no es justo, yo estudié mucho y trabajo muy duro para darle una mejor calidad de vida a mis hijos, no sé qué será de ellos en un mañana, en este país no hay futuro para un niño Blanco. –Concluyó.

Los días posteriores a la anterior conversación con Charlene me di cuenta que es un ser humano maravilloso, una mujer noble llena de ilusiones y como toda madre, estaría dispuesta a todo por el bienestar de sus hijos, ella, una trotamundos por antonomasia, me permitió conocer la otra cara de la discriminación, aquella que se esconde de puertas para afuera detrás de arengas libertarias y discursos pacifistas, mientras en la cocina mezcla los ingredientes necesarios para sazonar de amargura la violencia, la desesperanza y el racismo.

Hoy los colombianos despertamos con la imagen de un presidente que posa como adalid de la paz apretando la mano de un verdugo disfrazado de médico, los medios muestran las opiniones de los políticos más celebres del país -quienes hacen alusión a la reconciliación que surgió en Sudáfrica después del famoso Apartheid- Navarro Wolf, incluso Pirry -por mencionar unos pocos- muestran con gran valía el “ejemplo” del país Africano y, justo allí, fue dónde recordé la gran lección que me dio Charlene sin ella haberlo intentado:

La paz no es la farándula de otros como dice Benedetti en “Ese Gran Simulacro”, la verdadera paz la firmamos usted y yo cuando decidimos respetar nuestras diferencias y entendemos que son precisamente ellas –las diferencias- las que consolidan los pilares fundamentales de una sociedad progresista, incluyente y justa.

Si se firma la paz aparentemente ganaremos todos, espero sea así. Un día me hicieron creer que con la muerte de Pablo Escobar se acabaría el flagelo del narcotráfico y, al parecer lo que hicieron fue ayudar a multiplicar los Patroncitos. Ojalá dentro de seis meses cuando los guerrilleros de las FARC  deambulen por los pasillos del Congreso de la Republica dándose abrazos con sus archienemigos de las Autodefensas, podamos, en realidad, dimensionar la magnitud de nuestra estupidez, cuando sean ellos -los criminales legisladores- quienes decidan el rumbo de esta magullada Patria Boba.

                                                                       Derechos Reservados © Nicolás Marrugo Silva.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Miserables Refugiados.


Naufragan los hijos
De la oleada
Cardúmenes de expatriados
Bogando hacia la encrucijada,

Traen consigo penurias
-Sufrimientos-
Una esperanza en balso
Tejida entre sus huesos,

Son suspiros críos
Desenmascarando lo perverso
-A la maldad encarnizada-

Le llaman Gobierno:
Miserables Refugiados
En fronteras de desprecio.

Derechos Reservados © Nicolás Marrugo Silva.

La Republiqueta.


En un país como LoCombia, en el que pareciera que uno debe andar dándole explicaciones a Raimundo y a todo el mundo por su pensar, es casi que Maquiavélico ser uno mismo, es decir, la masa pareciera no estar apta para digerir que, la homogeneidad no es lo de uno, uno es un ente disímil, atípico, o en pocas palabras uno es un Guerrillero, Socialista, Comunista, y hasta Fascista cuando decide, a viva voz, pensar y expresar di-fe-ren-te.  

Cuando uno tiene clara sus convicciones no hay necesidad de convencer a nadie más –ese es el primer gran síntoma de la divergencia- de allí parte entonces la premisa de decir verdades a tutiplén sin importar a quién o el qué dirán -aunque aquí caigo nuevamente en la encrucijada de dar explicaciones- creo que es parte intrínseca del cohabitar en esta sociedad.

Ahora bien, el objetivo de esta nota es, no sólo condenar, pues no soy juez, sentenciador o verdugo, sino reflexionar sobre las verdades de Latinoamérica y nuestros llamados “pueblos hermanos”, los mismo que hoy callan y se hacen los de la vista gorda frente a los atropellos de un tirano estúpido –como todo buen tirano- que los tiene comiendo bien, y es que ningún gobierno que se esté jactando del Oro Negro que defeca Venezuela, imagino saldrá a decir que están ocurriendo atropellos contra los colombianos residentes en el pordiosero país vecino.

Y uso ese adjetivo porque a pesar de que aquí, en LoCombia, tenemos un alto incide de pobreza, también sé y, estoy seguro, que ninguno de eso pobres pasa trabajo cuando se quiere limpiar el culo (Extremidad inferior o posterior de algo) porque aquí sí hay, al menos, papel higiénico, o en el peor de los casos, libertad de expresión y, la gente puede -según su poder adquisitivo- comprar un periódico o una revista de opinión y reutilizarla al momento de hacer bregar del cuerpo.

Continuando en la línea de las cagadas (Cosa o situación que resulta cuando se actúa sin cuidado o con torpeza), me causa gran indignación ver que el silencio de muchos jefes de Estado, congresistas y, políticos en general, se convierte en cómplice hostil de una problemática que va más allá del amarillismo que muestran los medios de comunicación.

El problema no es que callen los que se hacen llamar nuestros aliados en esta parte del hemisferio, no, la inquietud que me suscita su inoperancia es, no sólo el porqué de su pasividad frente a los atropellos, sino también su desfachatez.

Ha quedado tristemente comprobado que, Colombia por ser la golfa predilecta del Imperio -como los jefes de la Izquierda Latinoamericana se refieren a los Estados Unidos- está, no solamente destinada a satisfacer las necesidades del Tío Sam por los siglos de los siglos, sino también a cargar con el estigma de un pueblo que, desde épocas de La Colonia, ha sido La Republiqueta de todos y al mismo tiempo, la tierra de nadie.

                                                                     Derechos Reservados © Nicolás Marrugo Silva.

jueves, 27 de agosto de 2015

¡La violencia si no nos toca, no nos duele!


En el mundo existen aproximadamente 60 millones de personas desplazadas provenientes de todos los continentes, según datan las últimas estadísticas publicadas por Las Naciones Unidas; uno de cada 10 refugiados es recibido en Canadá y, en su gran mayoría, son reubicados en la Provincia de Ontario, más exactamente en Toronto, ciudad que hoy por hoy es considerada la más cosmopolita del mundo, por encima, inclusive, de Nueva York, es decir, es el lugar donde un mayor número de culturas convergen.

En ese orden de ideas y, conociendo el gran compromiso social que tiene Canadá, el cual se ve reflejado en una gran cantidad de programas patrocinados por el gobierno nacional, me atrevo a decir que dicho modelo de inclusión y apoyo a nacionales e inmigrantes es, sin lugar a dudas, uno de los más eficaces del mundo.

Tener la oportunidad de estudiar becado en unos de los más prestigiosos College de Canadá, no sólo me abrió los ojos, sino  también la mente. En la facultad de Trabajo Comunitario de George Brown College tuve la maravillosa experiencia de conocer a fondo, muchos de los programas que el país ha puesto en marcha para combatir el desplazamiento forzado de miles de millones de personas provenientes de todos los rincones de la tierra, en aras de dignificar la vida y las condiciones en las que dichos desplazados viven, iniciativas que sin el empeño y la dedicación de los Trabajadores Comunitarios serían sólo letra muerta.

Durante una de mis prácticas profesionales en una de las agencias más importantes del país (Access Alliance) pude experimentar de primera mano el drama de muchas familias desplazadas por la violencia y los conflictos internos de sus países de origen, a través de programas de Asentamiento, Participación, Salud y, Educación, entre otros, tuve el privilegio de fortalecer y motivar, a muchos de esos desplazados que algún día lo perdieron todo por culpa de la guerra o de un tirano estúpido.

Aprendí en esa maravillosa experiencia que el peor mal que aqueja a la humanidad es la indiferencia, la incapacidad de sentir el dolor y la angustia de los demás y, para sorpresa mía, quien estaba allí para brindar apoyo y tender una mano, resultó siendo el mayor beneficiado, y digo esto porque comprendí que el trabajo y la justicia social son la base del desarrollo sostenible de cualquier sociedad, incluso por encima del desarrollo económico, claro está, lo segundo dependerá de lo primero, pero es primordial brindar las herramientas necesarias a los individuos para que lo segundo se materialice, y eso es precisamente lo que ha hecho Canadá, no sólo dar a comer pescado sino también enseñar a pescarlo.

En el tiempo que duré en la facultad de Trabajo Comunitario del George Brown College de Toronto, conocí que dicho programa es, para sorpresa de muchos, el mejor programa de trabajo comunitario del mundo, y debe ser así porque teniendo en cuenta los datos anteriormente citados, la gran problemática que ha suscitado el desplazamiento forzoso de miles de personas a Toronto, ha desarrollado la naturaleza de dicho programa, manteniéndolo vigente y en un constante reinventar, todo esto claro está, con el ánimo de servir mejor a quienes más lo necesitan.

Mirar el rostro de la desdicha, de la incertidumbre, de la soledad y el desespero, me recordó que no hay felicidad más grande que tener un lugar donde compartir con tus seres queridos cada día. En ese embate cultural me topé frente a frente con personas desmoralizadas, seres a quienes el gobierno de su país decidió condenar a la ignorancia y a la pobreza, pero sobre todo a la ignominia.

Hoy veo la situación de miles de ciudadanos colombianos que son desplazados por el gobierno venezolano -aquel que los albergó cuando salieron como aquellos a quienes tuve el privilegio de conocer y trabajar hombro a hombro en Toronto, huyendo de la tierra que los vio nacer- Hoy ese monstruo destruye sus hogares al mejor estilo del gobierno de Israel, aunque a plena luz del día, el modus operandi es el mismo, una gran máquina que, en presencia de los moradores, destruye en un santiamén, lo que con tanto esfuerzo y trabajo han conseguido los habitantes palestinos de dichos asentamientos en la Franja de Gaza, desmoralizando así al ser y esparciendo la semilla del odio por doquier.

Y es que no puedo ser indiferente al dolor de mis compatriotas, pero tampoco seré cómplice silencioso y pensar que, aquellos quienes son hoy desplazados, llegaron allí hace 10 años porque allí querían estar, no, ellos, los desplazados hoy por orden del totalitarista inepto de Nicolás Maduro, llegaron a Venezuela, en su gran mayoría, huyendo de los Paramilitares y las FARC, son aunque nos duela, víctimas de un Estado colombiano cómplice, inmoral y corrupto, pero por encima de todo, asesino.

La crisis humanitaria que hoy viven cientos de familias colombianas en la frontera con Venezuela es un recorderis que la humanidad no suprime la barbarie, la perfecciona, y es precisamente ese el mal que más nos aqueja, la falta de humanidad, de sentido de solidaridad, de entender que el dolor de una familia que lo perdió todo cuando grupos armados al margen de la ley llegaron a mitad de la noche a pueblos enteros, asesinando hombres y violando mujeres en frente de sus hijos, no nos puede ser indiferente, no podemos seguir pretendiendo que aquí no pasa nada, no se puede señalar al vecino cuando nuestro propio gobierno, cómplice e inhumano ha desangrado nuestra gente.

Miles de indígenas y campesinos resisten y dan la batalla con gran dignidad frente a las injusticias de los gobiernos de turno, cada día, el ESMAD en representación del Estado, desplaza a familias enteras en una seguidilla sangrienta que data desde tiempos de las cruzadas, cuando los hombres descubrieron que el poder estaba en la tierra y obtenerla sería entonces la máxima a seguir.

Desde hace casi sesenta años Colombia ha estado sumida en una guerra que al parecer no tiene fin, guerra que muchos de ustedes ya conocen y sabrán los orígenes de ella, lo que al parecer no conocemos es que siempre se derrama la sangre de un colombiano, llámese Jorge Eliecer Gaitán, Carlos Pizarro, Pablo Escobar o Jaime Garzón, dicha guerra, dichas muertes, hoy yacen en el olvido, y las hemos olvidado simple y sencillamente porque no son nuestras, porque la violencia si no nos toca no nos duele, es triste pero es así, nos hemos acostumbrado tanto a la muerte que ver a unas familias desplazadas nos moverá el corazón por unos cuantos días, nos indignaremos mientras llega el próximo puente festivo y después de eso sucederá lo mismo que siempre sucede: una nueva tragedia nos conmoverá y así ha de seguir el circulo vicioso de esta sociedad indiferente por naturaleza.

Ojalá algún día aprendamos de los mal llamados “países del primer mundo” lo que de verdad se ha de aprender, copiar los modelos que se enfocan en dignificar al ser y no denigrar y desmoralizar como hasta ahora nuestro sistema en cabeza de un Estado cómplice y asesino ha hecho. El reto de una sociedad como la colombiana no está en que podamos acceder al programa de subsidios de Familias en Acción, sino que ese gobierno que sabe que un pueblo ignorante, enfermo y desmoralizado es más fácil de gobernar, sea, por cuenta nuestra, vetado, así y sólo así, podremos construir los cimientos de una nación prospera, educada y con justicia social para todos.

                                                                Derechos Reservados © Nicolás Marrugo Silva.

sábado, 5 de julio de 2014

El Domicilio.

Sí, está bien, perdimos, pero nos robaron. Cualquier cristiano, incluyendo Ronaldo, podría darse cuenta cuán amañado estuvo el arbitraje del partido. Según las estadísticas, hasta antes del gol de David Luiz casi al minuto 70 del compromiso que enfrentó a Brasil contra Colombia, el árbitro español Carlos Velasco, permitió aproximadamente 40 faltas sin mostrar un solo cartón amarillo, eso mi estimado lector, fue sin lugar a dudas, una de las tantas incidencias graves que tuvo el juez del compromiso en el marcador final.

Respeto a quienes alegan que el gol tempranero desestabilizó la saga colombiana y, tienen la absoluta razón en dicho alegato, pero no pretendamos ser eruditos donde no hay necesidad de buscarle ocho patas a un estamento que sólo tiene cuatro letras: FIFA.
Es de conocimiento público la problemática social que afronta el país organizador de la copa del mundo, se ha hecho una millonaria inversión en materia de escenarios e infraestructura para que Brasil 2014, sea recordado no sólo como el mundial más visto, comentado, y vendido de la historia, sino que además perdure en la retina de los espectadores como la cita que coronó al primer hexa campeón del mundo.
Decir que Brasil en los 90 minutos de juego fue superior a Colombia sería una desfachatez. Brasil jugó uno, por no decir el mejor encuentro para ellos en esta copa mundo, un equipo sin estrellas, más bien estrellado, empujado, afanado y, por varios pasajes del encuentro, hasta asustado.
Los dirigidos por José Néstor Pékerman recibieron un gol de ‘camerino’ a los 7 minutos del primer tiempo, gol que significó no sólo un cambio de estrategia para el profesor Pékerman y el onceno colombiano, sino que además dejaba por primera vez a Los Cafeteros con un marcador en contra, algo a lo que Colombia no se había enfrentado antes en el transcurso de la competición mundialista. El equipo tardó en reaccionar, Brasil aprovechó la desorganización de los colombianos y tuvo así un primer tiempo muy cómodo, ayudados claro está, por quien podría ser el referee que dirija la gran final y, quien horas más tarde sería felicitado por la FIFA: El español, Carlos Velasco. ¡Joder tío! ¡Enhorabuena!
Con el transcurrir de los minutos se evidenció un desbalance en las decisiones arbitrales, un cobro de tiro de esquina que no fue (la tocó de último Neymar) terminó en gol del capitán Thiago Silva, el  gol anulado incorrectamente a Mario Alberto Yepes cuando el partido estaba 1-0 a favor de los locales habría cambiado la dinámica del encuentro, pero donde manda Dilma Rousseff, no gana el buen juego.
El sin sabor del segundo puntillazo cayó como un balde de agua fría,  las esperanzas de los miles de colombianos que soñaban con la hazaña de derrotar a los penta campeones del mundo en su propia casa se desvanecían, peor aún al ver sancionada una falta de James Rodríguez que no existió y que terminó en el golazo de David Luiz cuando transcurría el minuto 70 del partido. Una decisión que inclinaría la balanza a favor de la verde-amarela y, casi que sellaría la faena dantesca del árbitro español Carlos Velasco.
En las postrimerías del encuentro y gracias a la incesante labor del equipo colombiano, el juez sancionó un penal a favor de Colombia al minuto 80, falta del portero Júlio César sobre Carlos Bacca, quien oxigenó el ataque colombiano y en los pocos minutos que estuvo en la cancha mostró carácter e inquietó el marco adversario. El penalti fue cobrado por James Rodríguez quien consiguió su sexta diana y se mantiene como el líder de goleo en el campeonato mundial de Brasil 2014, escoltado por Neymar, Messi y Robben.   
Al finalizar el encuentro se supo que Neymar sufrió una fractura en la tercera vértebra lumbar como resultado de un choque fortuito con Camilo Zuñiga y se perderá el resto del mundial. Imagino que la presidenta de Brasil, los directivos de la FIFA y el señor Velasco, serán piezas fundamentales en la recuperación del astro brasilero: Dilma le cocinará la feijoada, Joseph Blatter comprará las caipiriñas y el juez español les hará el domicilio.

Derechos Reservados © Nicolás Marrugo Silva.

lunes, 16 de junio de 2014

Petición de Navidad.


Querido Niño Dios, este año también me portaré muy bien, pero como sé que en mi país nada es de gratis, me gustaría pedirte por adelantado que esta navidad me traigas de regalo una novia Uribista. Estoy cansado de pensar y hablar diferente, quiero vivir despreocupado, tranquilo y de acuerdo con las arengas guerreristas del Paramilitar-Todopoderoso: vivir conforme a su proclama y de paso, si no es mucho pedir, ayúdame a olvidar todas sus atrocidades desde que fue nombrado Jefe de la Aeronáutica Civil y le daba licencias a las avionetas del narcotraficante Pablo Escobar para sacar la droga del país sin ningún problema.
Ojalá sea una muchacha dócil, amorosa, educada, bien hablada y, preferiblemente que no me dé en la cara Marica. Permíteme la oportunidad de ver el mundo diferente a su lado, que ella me brinde la luz que ilumina a la feligresía de su santidad Don Álvaro, a quien poco a poco empecé a difamar y blasfemar cuando aprendí a leer y a salir del oscurantismo en el que me sumió su llamada “Seguridad Democrática”.
Yo sé que mis exigencias son tediosas, pero creo necesitar tu infinita gracia en este momento crucial de mi vida, es más, estoy dispuesto a perder la memoria política como todos aquellos seguidores de “El Gran Colombiano”, concédeme el magno don de olvidar todas y cada una de las masacres cometidas por las “Convivir” que fundó el doctor Uribe cuando fue gobernador de Antioquia, jamás volveré a dudar que ellas no dieron inicio a los grupos Paramilitares al margen de la ley, de los que Salvatore Mancuso y Carlos Castaño en su momento confesaron recibían órdenes del Comandante Supremo: un tal Álvaro Uribe Vélez.
Querido Niño Dios, no me abandones ni de noche ni de día, hasta que deje tanta bobería, para hacerme el de la vista gorda con todos los Falsos Positivos que hicieron creer que eran de la Guerrilla. Ahora entiendo lo que en el Ubérrimo se hacía, se organizaban reuniones con La Gata y sus crías para patrocinar el hampa en Montería. Qué ofensa tan grande fue insinuar que allí asistían los principales jefes Paramilitares como “Don Berna” y alias “Jorge 40”, extraditados a los Estados Unidos donde hoy están rindiendo cuentas, o por lo menos ese es el cuento que cuentan para quedar bien y así recibir prebendas.
Jesusito de mi vida, tú eres niño como yo, y por eso dudo tanto y soy tan indagador, dómalos, dómalos, pero permíteles que lean y no solo vean televisión. Al paso que voy me espera algo peor que una simple persecución, he pensado abrir un grupo en Facebook pero que tal se empute el Patrón e invite al FBI a que inicie una investigación, por eso he querido escribirte querido Niño Dios, para que de una vez por todas concluya esta oración, con arrepentimientos incluidos, con misiva al hoy Senador, pero ojalá que devuelva el dinero del agricultor, aquel que se robó Andrés Felipe Arias: exministro de nuestro gran señor.
No me importa una Chuzada, una llamada amenazante o de extorsión, igual hoy día las “Bacrims” andan liderando lo que él como resultado del Paramilitarismo creó: un flagelo que a Colombia poco a poco socavó. Su discurso bélico a más de un letrado convenció, desafortunadamente a su títere, el doctor Oscar Iván Zuluaga muy poca gente le creyó, por eso querido Niño Dios, espero que el próximo año no me toque escribirte pidiéndote perdón: explicándote que Juan Manuel Santos con ese cuento de las FARC también las cagó.

  Derechos Reservados © Nicolás Marrugo Silva 

sábado, 19 de abril de 2014

GABO 87.




No hay que intentar expresar lo complejo de forma simple. Creo que esto pensaría Don Rufino José Cuervo Urisarri al momento de iniciar el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, del que sólo llegase a concluir el primer tomo, pero del cual aún hoy se le enaltece como su único progenitor.

Nacido en Bogotá el 19 de septiembre de 1844, Rufino José sería a sus 27 años, el primer gran erudito colombiano de la lengua castellana, además de ser filólogo y humanista. Gracias a su obra, Cuervo sirvió como referente a muchos literatos castellanoparlantes, y se ganó el respeto y el reconocimiento de los grandes intelectuales de la época antes de fallecer el 17 de julio de 1911 en París.

El alemán Friedrich August Pott, reconocido lingüista de su tiempo, le denominó en latín “El Corvus Albus” haciendo alusión a su apellido y a lo excepcional de su ser. "El Cuervo Blanco" es hoy por hoy el padre de la literatura en nuestro país, y por cosas del destino, por cosas de nuestra malcriada nación, fue a morir lejos de la tierra que lo vio nacer, de la Bogotá que le inspiró, en la soledad y el olvido a la que están destinados a perecer los grandes representantes de un país atestado de extravíos y agravios, como los que hoy cunden la memoria indeleble del más galardonado dramaturgo que ofrendó Aracataca al mundo: Gabriel García Márquez.

Elogiar a Gabo sería redundante, como se ha vuelto redundante difamar la obra de quien ya no está y de quien tanto nos brindó como país. Nuestra idiosincrasia pareciera estar encarrilada a envidiar lo ajeno y a blasfemar lo etéreo, como si para estar a la moda se necesitara ir a contra corriente sumido en arengas insulsas y necias.

Quienes apedrean el camino laureado del nobel de literatura, desconocen que sólo existen en el mundo 110 galardonados desde 1901 al 2013, es decir, debe ser una inhabilidad innata de algunos para aceptar que hacemos parte de un momento (espacio/tiempo) histórico que muy seguramente no se volverá a repetir en nuestra magullada sociedad, o que si llegase a ser así, muy pocos viviremos para disfrutarlo.

Es precisamente (esa) la insoportable levedad del ser, como se titula la gran obra del escritor checoslovaco Milan Kundera, la que mejor definiría a los detractores de García Márquez, ávidos de antagonismo, y huérfanos de validez frente a lo que el mundo entero aclama, pero que desafortunadamente para aquellos es sinónimo de repudio, argumentando a tutiplén lo que escucharon de algún antisocial desadaptado con ínfulas de politólogo, a quien se le ocurrió denigrar la carrera literaria del nobel por su amistad con Fidel Castro, no siendo este el único mandatario amigo de Gabo, quien se jactó de ser en su momento, íntimo amigo de Bill Clinton, expresidente del país a quien su camarada Fidel ha combatido durante toda su existencia.

Al imaginar la rabieta de Castro al enterarse de aquella naciente amistad entre García Márquez y el imperialista de Clinton, recuerdo el famoso Bogotazo, aquel 9 de abril de 1948 cuando en medio de la multitud Fidel vio a un hombre desenfrenado y sin estribos, desquitando su ira contra una vieja máquina de escribir, y quien con lágrimas en sus ojos parecía ser un seguidor malogrado de Jorge Eliécer Gaitán, un joven adolorido por el fallecimiento de su líder, pero dicha aseveración como la de muchos críticos baratos de hoy, estaba errada, aquel estudiante de segundo año de derecho lloraba la pérdida de sus escritos en un fugaz incendio de la posada donde residía. Hoy hacemos aún más nuestro aquel dolor y lloramos su partida pero celebramos la inmortalidad de su obra.

Mucho se ha especulado sobre la incidencia política del nobel en los asuntos internos del régimen cubano, con el animo de opacar su gran legado literario y cultural, un cumulo de textos que son el resultado de sus primeros 20 años de vida en su natal Aracataca, de donde nacieron sus historias y desde donde se contó, con minucia, y palmo a palmo el vivir Caribe.

La obra de García Márquez la inspiró el sonsonete de un acordeón, la voz inconfundible de los juglares vallenatos a quienes haría participes de su magno galardón, las largas horas de 'tertulia' con su abuelo (un excombatiente de la Guerra de los mil días) sirvieron para forjar la imaginación prodigiosa de Gabito, como cariñosamente le llamaban. La influencia de grandes exponentes de la literatura mundial como Kafka y su obra La Metamorfosis, le abrieron el apetito literario, Garcilaso, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, San Juan de la Cruz y los llamados de la generación de 1927 como Pablo Neruda, también marcaron su obra Macondiana.

Pocas veces, y como característica para resaltar de Gabo, un escritor logra sumergir al lector en su historia, llevándolo a caminar de la mano con los personajes de su narración, bien sea deslumbrándose frente a un témpano de hielo, o recordando la quimera de Florentino Ariza, y hasta sufriendo el olvido de un gran coronel.

Una obra inmortal que perdurará en el tiempo como un relato vivo y palpable, pero a su vez inverosímil y surrealista, como queriéndonos dar cabida a todos, a quienes nos maravillamos con la descripción minuciosa de los harapos de la cándida Eréndira, pero de igual forma a quienes prefieren vivir para contarlo.

Ojalá algún día, aquel deseo desinteresado que expresó García Márquez en 1982 de emprender la creación de la utopía contraria, una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra, deje de ser la alucinación del más noble caudillo que nos enseñó a vivir y disfrutar su singular Realismo Mágico.

Gracias por tanto Maestro.
Derechos Reservados ® Nicolás Marrugo Silva.